Un viaje no se emprende sin un viajero. Contrario a lo que se cree, el viajero no es aquel que recorre caminos de una cartografía de antemano trazada. El viajero, de entrada, forma parte de una cofradía de exploradores que no temen arribar a costas extrañas. El viajante sabe que hay distancias cósmicas que se recorren en la fugacidad de un instante, y vecindades inabarcables en el espacio de una vida. Hay viajes en que las ropas absorben la tierra de la intemperie y el sudor del cuerpo exigido. Hay otros que se afrontan en pantuflas y con un gato perezoso en el regazo. El viajero sabe que cuando recorre las líneas inmutables de un libro o anda por las calles arqueadas de Beirut, en realidad está abrevando de la misma corriente. El viajero no es aquel inquieto que va diligentemente de arriba abajo, sino el artesano que esculpe el tiempo con el estilete de la experiencia caminada.
Viajar es darle sentido a la vida de los mapas.
El viaje hacia el interior y el viaje hacia el exterior son, pues, las caras contrapuestas de la misma moneda.
*Texto para exposición Cartografías figuradas
*Texto para exposición Cartografías figuradas