martes, 4 de septiembre de 2012

El bulto

El muchacho era todo un palurdo. No pensaba nada ahi sentado en su banca preferida debajo de un gran olmo amarillo con la cabeza hacia el cielo y los ojos cerrados como si lo alcanzaran los rayos de sol entre las hojas que descendían como paracaidistas experimentados. La vida era buena para quienes no miraban la torre de reloj. Con las monedas que acababa de robar compraría un bolillo para él solo. La idea de compartirlo con su hermano menor cruzó su mente. El desdichado no lo merece, recordó la chamuscada que le provocó con las pinzas de la fragua de su tío. Era un palurdo, peor que él incluso. Vil niñato algún día le cortaré la cabeza y la haré desaparecer, Corko me servirá. Corko era el cerdo más grande que tenían en la granja. También era su favorito era pelotudo y mastodontico. Engullía lo que le dieras. Uno de sus pasatiempos favoritos en la finca era poner a prueba su apetito. El día que le dio las tripas purulentas de un zorro que se había cruzado en el llano estaba seguro que las desembucharía. No sólo las comió con ordinaria impaciencia sino que por un momento su mirada pareció humanizarse. Fue como si las vísceras estuviesen imbuidas de una maldición, pensó, la maldición de la consciencia. En tanto reflexionaba sobre acéfalos en su sopor, un grito se alzó a no más de veinte pasos de donde sentaba. Pensó ir en busca del origen del grito que no había podido diferenciar entre animal o humano horror o júbilo.

Humano. Horror. Esto podría ser divertido, pensó sonriendo como sólo un palurdo puede. Corrió en busca del alborotador sujetando el mango de su navaja. En un pequeño claro yacía un gigantesco bulto. Parecía una montaña de carne. O quizá la excreción de un gigante, ¿O las ruinas de Corko? Le arrojó una piedra que rebotó con un sonido sordo. Esperó a que el bulto se agitara. De pie, perfectamente recto, lo miró durante lo que parecieron horas. En realidad fueron días. El musgo creció primero en los suaves bordes de aquella masa, después en los pies del muchacho. Siendo una tierra de lluvias el proceso se precipitó. Las personas y animales que llegaban a cruzar por aquel paraje los miraban con extrañeza, hasta que se acostumbraron a la presencia de lo que después jurarían era una escultura en vida. Los ojos del muchacho reposaron, lo que se dice reposaron, sobre aquel cuerpo que no entendía sobre fluidez. Pasaron dos siglos. Schopenahauer había muerto pero quedarían sus bellas palabras que el muchacho había tallado en una roca por donde antes fuera su morada:  un hombre sólo puede ser él mismo en tanto esté solo. Un día el fardo se desinfló pero para aquel entonces el muchacho ya era musgo y el musgo era musgo. Del interior del bulto deshinchado se arrastró la criatura más marchita que haya caminado sobre la tierra. O al menos esa parte de la tierra. Llegó hasta donde quedaban los restos del muchacho-musgo y los estrechó como si fuera la única razón por la que hubiese venido al mundo.






sábado, 18 de agosto de 2012

Meridaje

Repasando viejos escritos me sorprendo al notar la existencia de patrones y esquemas, y no documentaciones, o extractos, inconexos como sospeché encontraría. Traspasando la densa grama de simbolismos y analogías sin rumbo que encubría muchas de las bitácoras, se muestran pedazos de un rompecabezas que, con algo de atrevimiento, es posible unir. El resultado no es cabalmente interpretable, sino que permite la lectura múltiple, la aproximación de un sujeto intentando reconciliar su existencia con conceptos cuya esencia desconoce, que cuestiona, mas se atañe a ellas intuitivamente, reconociendo el quebrantable suelo de hielo sobre el que camina, que representa su camino moral agrietado. Es extraño como, sin variable, alegorizo mis experiencias, tal vez como evidencia de mi desapego pragmático que pueden velar, y cuya disección sólo ejecuto a través de la abstracción. Temo que revele mi incapacidad de llevarlo a un plano, por así llamarlo, pragmático. Es decir, y quizá no es necesario explicar, temo no reconocer la importancia de la práctica ética, ya que cuando intento penetrarla hasta su núcleo, y extraer alguna verdad, alguna respuesta, me hallo perdido en un nebuloso receptáculo. Porque saber sus fines prácticos y abstractos, y haberlos entendido, experimentado, es muy distinto. El primero no toma más que un año, o dos, u ocho para volverse un perito; la contraparte no la rozarías en el doble de tiempo. Puede serte compartida una doctrina, pero el verdadero conocimiento no está en el discurso, en métodos que vestimos de maestros. La sabiduría no se trasmite. Es posible comunicar el saber, pero es necesario vivirla, hacer de ella un sendero. Y mis temores se fundamentan en la premisa anterior. Temo que mi distancia entre lenguaje y experiencia sea la contestación de mis dudas y aprensión hacia la finalidad de la ética. No ha de ser confundida con la tentación del nihilismo como consejero, sino con la idea del origen simple, infinitamente enmarañada por las personas; que finalmente sea uno más de los juegos mediante los cuales entretenemos a nuestro infante oculto, que visto francamente, no está oculto, sino presente en cada uno de nuestros actos y pensamientos y habladurías; salvo algunos (maravillosos, ohgraciasporexistir) casos. Tal vez nunca alcance la paz; quisiera poder separarme de mi ego como si fuese agua sobre la piel siendo absorbida por una toalla. No quiero perderme en el laberinto de las frases, y reconocer que son sólo palabras todo aquello que llamamos ética y moral. Quiero aprender a través de las acciones, las encrucijadas, los sacrificios, las desvergüenzas, las consecuentes sensaciones de culpa, bienestar, orgullo, nausea. Quiero ver a través de las apariencias, reconocer que yo mismo soy una apariencia, que todo es venerable y evitar analizar, explicar y despreciar el mundo. Quiero no querer.








viernes, 17 de agosto de 2012

La secre

¿Telera o bolillo joven? Telera. Con aguatito. Ito. No gracias. El joven cruzó la calle vio a una de las altísimas secretarias de su trabajo y dio la vuelta. Camino un par de cuadras más y se metió a una tienda de joyería de los judíos de la cuadra. Con la mano que no sujetaba la torta sacó sus llaves de Lucas Piolleri y empezó a jugar con ellas mientras pensaba en las muchas tiendas que no han soportado el paso del tiempo. Son de terrible gusto, estas malditas tiendas pertenecen al estacionario ethos mexicano. Son y serán hasta que el cielo deje de iluminarnos con su luz crepuscular, se dijo abochornándose por la chabacanería de su frase. Buenas tardes, joven, déjeme adivinar está huyendo de alguien, escuchó dimanar una voz del fondo de la tienda. Al joven se le dificultó enfocar a su autor, como si existiera detrás de un vidrio sucio. El atuendo tradicional de rabí le confería al viejo una cualidad de sabio. A este hombre le creeré cada palabra que salga de su boca, decretó el joven. Sus cejas parecían llamas danzantes con decenas de humanos-perros reaccionando a su crujir sonoro. Siento molestarlo estoy buscando una anillo para mi novia, dijo el joven. Curioso, sonrió y sus dientes formaban parte del experimento tribal que acontecía hacia el norte de su compás, No le calcularía más de 18 me disculpará si me niego a creerle. La secretaria de mi trabajo: me la dí dispense mi lenguaje, se sorprendió confensando el joven, la evito desde entonces carecía de un cierto tacto al intimar que me recordaba a esas cruentas películas setenteras donde todo se ve falso. No las recuerdo, dijo el rabí que más bien le parecía mustafa. Y mire que me lleva medio siglo. Al menos, convino el viejo. Bueno qué me dice de películas setenteras que si recuerda. Me gustaban las de Pedro Infante y las de Bergman, ahora las comisuras de la sonrisa del viejo parecían cultivar miles de esos caninos enfermizos. El joven suspiró. Me voy. Cuídese hombre. Giró en un movimiento a punto de tensar la rótula, favorecía las buenas salidas sobre las buenas entradas. Adiós, la próxima vez que pretenda huir de la secretaria está bienvenido. El joven detuvo su maniobra y balbuceó: quizá cuando me case de verdad y salió. Quizá cuando me...? Arruiné mi salida, pensó en la arbolada calle. Se sentó en la banqueta.






jueves, 2 de agosto de 2012

Agujero

El hombre sesudo concluyó dos cosas. La profundidad gradual se tornaba en algo insoportable. Su camino terminaría engullida por esa profundidad.  La confrontación de estas dos premisas habían alimentado su trasnochado sentimiento de absurdidad, antaño equiparable a nunca. la sonrisa del hombre podía ser confundida por una de alivio. En verdad lo era. Nadie más que él lo habría visto de otra manera. Continuó camino abajo. Los veinte metros que lo separaban de su destino se dilataban en kilométricas reflexiones, antaño equiparable a nunca. Se detuvo, reculó dos pasos. Un paso más y su vida reanimaría su sentido. De espíritu desbordante. La idea le daba repulsión. Desfundó la Molina calibre .45. El enorme péndulo ampliaba su oscilación y amenazaba con aplastarlo bajo su peso invisible. Dejó de sonreír mientras quitaba el seguro de su acompañante.
El siguiente paso que dio fue mecánico, nacido del hábito. Dejaría que sus articulaciones respondieran a las cargas eléctricas nativas a la inercia, antaño equiparable a siempre. El péndulo rugía como una serpiente emplumada: sedosa y amenazante. La profundidad se movió, inquieta, deseosa de avanzar. Pero no, esperaría al hombre, dejaría que su titubeo anudara sus reflejos, sus rápidas manos como insonoros rayos.
El hombre, ahora penumbra, sentenció a la profundidad. Las siguientes palabras fueron sus últimas: Eres mi hermana. Siempre lo has sido. Conozco tus secretos y debilidades: estás asqueada de tí misma. Ven a mi, yo te arropo. Recibe mi abrazo y despréndete y clausura y nace de nuevo. Desenfunda. Hazlo ahora o piérdete en los laberintos de la eternidad. El hombre sabía que no la engañaría, percibiría su miedo en esas incoherentes sentencias. Silencio. Nulidad. Colocó el dedo sobre el gatillo. El abismo hizo lo mismo.
El péndulo se detuvo apenas un segundo, quizá ni eso. Los condenó a la eternidad de ese segundo. Su confrontación tendría que esperar el fin de los tiempos (del segundo), que no llegaría. Los gatillos rompieron los cristales del tiempo, formando una urdimbre de probabilidades infinitesimales. Descargaron los arbitrarios proyectiles que se rehusaron a aniquilar sin el permiso del péndulo, amo de todos los duelos y el tiempo. El hombre y la profundidad quedaron petrificados, con la eternidad enlazando sus miradas y sus pistolas, como el granítico pegamento que une al cosmos.







viernes, 6 de julio de 2012

Oubli

-Ves a esa mujer de ahi. La que se sienta innecesariamente apartada del resto, que mira sus manos con una mirada empachada. Me pregunto porqué parece salida de una pelicula de la época de oro, olvidada, despidiendo cemento de sus poros.
- Yo no veo eso. En realidad es una mujer íntegramente desquiciada que de alguna manera fortuita reunió lo necesario para comprar una cerveza y padeció un fugaz destello de lucidez que la trajo hasta el unico lugar en donde antaño, cuando aun se sujetaba en el tendedero de su cordura, sentía cierto cobijo. Quizá el olor a sudor alcoholizado y cacahuates rancios a su vez la llevasen a su infancia cuando su padre abusaba de ella y le susurraba palabras imperecederas de amor y cuidado, a esos momentos brutales de amor deforme y aliento ulcerado que marcarían y confundirían sus emociones por el resto de su vida. Te fijas cómo ahora en su estado de completa demencia retrae los pasos a su refugio viniendo al único lugar que frecuentaba su padre durante su infancia, su esposo en su adultez y ahora ella misma en su decrepitud...
- Perdón no sabía que hablábamos de tu madre. traes tu ife por si nos la piden?
- qué nos van a pedir id, no digas pendejadas y mejor cuéntame de nuevo sobre tu moralidad perdida.
- hace un par de añitos iba con mi padre a coahuila, que descanse en paz (coahuila no mi padre) en su viejo mustang. cuando digo viejo quiero decir un verdadero cacharro, de esos que parecieran cobrar vida por pura experiencia y agradecimiento a su fiel y pobre amo. A medio camino cuando el sonido de las aves deslizaba por mi consciente..
- ahórrate detalles bobos.
- ... a medio dormir, sentí como mi papá se revolvió nerviosamente en su asiento. levante mi mirada al largo y erecto camino y vi por primera vez lo que es la nada. hasta ese momento el concepto del universo expandiéndose hacia la nada no me cabía en la cabeza. a cualquier escéptico lo llevaría a ese preciso momento en ese preciso estado y se que nunca más dudaría de la nada. La nada no se puede observar directamente, es como cuando atisbas al interior de una cueva y puedes jurar que en esa perfecta oscuridad se mueve algo incomprensible en el fondo. Pero más recóndito, como estampidos sin sonido.
- Fue un estado de ensueño, le diste al desierto crepuscular una cualidad de ausencia henchida.
- Sin duda. Supongo que mi padre sintió algo similar. No es el mismo desde entonces, al menos eso creo.
- Ya no desayuna huevos tibios cada mañana? 
- Bueno, supongo que no lo movió tanto como a mí.
- Joven, más de esos cacahuates rancios por favor. Sabes qué creo que ocurrió. Alternaste de realidad, viste hacia el interior de tu mente y te aterró. entendiste qué es el olvido o algo se que parece al olvido, los franceces le llaman oubli. toda persona de a pie tiene que enfrentarse a la extinción de la consciencia en algún momento, al oblivion. Tú aún no estabas listo, cerraste los ojos en el momento preciso, te hubiera tronado si no lo hacías, amigo. 
- Chance. No sé si alguna vez estaré listo. Es como ese viaje de salvia que me eché el verano pasado. Tan pronto se pasó el efecto comprendí dos cosas; que jamás lo haría de nuevo y que era un cachorro sin convicciones y lo terminaría haciendo de nuevo. Contradicciones como esas me traen bienestar, reafirman que habitamos en una existencia sin sentido, cuyo apellido de realidad es pura charlatanería propagada por filisteos borrachos en un sábado.  
- otra chela?
- no. 

jueves, 21 de junio de 2012

Nugari

Ese es el viejo Nugari que camina con la mirada ausente por la calle. Arrastra los pies por el fango como si sus botas tuviesen miles de boquillas chupafango y sacara a alimentarlas. Siempre me han gustado sus botas, algún día se las robaré. El viejo Nugari tiene uno de esos nombres exóticos que relaciono con el lado oscuro de la tierra. A mi entender, y no veo porque no debería ser así, si la luna tiene un lado oscuro la tierra por igual ha de tenerlo. De ese lado viene Nugari, el viejo que camina con la mirada ausente. Qué pasara por su mente. Probablemente nada. Cuando veo su mirada no me recuerda a la mirada perdida de mi padre a la hora del desayuno, cuando ve el televisor y anticipa su pequeña ritualidad diaria. Mira que si no le he preguntado sobre su vida es porque me inquieta un poco, y eso que lo saludo como a todos los otros vejestorios del vecindario. Es una cuestión de educación, sabes. El otro día jugando béisbol con los otros chicos de la cuadra me encontré una moneda vieja y extraña. Una corazonada me dijo que guardaba un vinculo con el viejo Nugari, pero qué se yo, en estos días la mayor parte de mis corazonadas no amontan a nada. Ya no es como antes, cuando el reflejo de la luz se refractaba en miles de hilos intangibles formando una visión. Yo les llamo corazonadas. Me parece una palabra más fiel que digamos intuición porque cada vez que tengo uno de esos sentimientos proféticos puedo sentir mi pecho inflándose, como si mi corazón quisiera salir impelido hacia el cielo dando patadas karatecas. Aunque ya perdieron vapor, les digo. Quizá es porque ya no soy un niño. Quizá los efluvios del corazón pertenecen al mundo de la fantasía, al complejísimo mundo que nace de la simplísima mente de un niño. Caramba, las cosas que me tragaba hace un par de años. Era un verdadero tarado. Una vez mi prima Lourdes (en realidad es mi tía pero tiene apenas cinco años más que yo. Jamás le llamaré tía no le daré la satisfacción)  me contó que cuando dejas tus calcetines sucios debajo de tu almohada mientras duermes, unos duendecillos rollizos vienen y los rellenan de dulces. Me lo contó mientras exhalaba una bocanada de humo. Jamás confíes en alguien que fuma. Qué decir que después de pasar esa sofocante noche de verano (imaginen como han de oler las calcetas de un niño de 10 años después de jugar el día entero) no encontré mas que la pérdida de mi inocencia en el fondo del calcetín. Mis manos exploraron los rincones de tela que impregnaban las puntas de mis dedos con un olorsito similar al que dejan los Ruffles de queso. Ese olor a quesillo aun persiste aunque ahora se ha esparcido hasta mis axilas. Lo juro. Mis axilas apestan tremendamente sin ninguna provocación  como si hubiesen cobrado vida propia.





viernes, 25 de mayo de 2012

Esta es la última canción cowboy

creci
soñando, siendo un vaquero. encendi en llamas mis anhelos campiranos y parti hacia el borde creciente de la noche. la luna tendió su cobijo y mi cajetilla de cigarros se agotó. caminé sin tomar agua por tres dias. habia una ciudad en llamas en el horizonte. sólo era mi mente en llamas. el sabor de ceniza en mi boca se tornó insoportable. saqué mi pequeño cuaderno y anoté en guijarros viene esta historia cowboy. dibuje la siguiente parte del mapa. trazaba mis pasos mi camino. el mundo se encendía frente a mi ya era de dia- porqué no lo vi venir. este desierto es uno de los ancianos, canté aunque en realidad queria escupir. escupir carajo porqué no traje más cigarros. y mi armónica, mi puta armónica. quería tocar un poco de blues a la luna aullar un poco de Howlin'. me levanté y seguí caminando ya no deseaba dibujar mi camino. recordé esos frijoles verdes que me gustaba comer con cáscara de chico. al día siguiente y al siguiente de ese no vi nada en ninguna parte, era como si las baquetas de un titán hubiesen usado el terreno como tambor. al tercer día encontré unas plantas las comí y seguí mi camino mis pasos humeaban eran mis huesos pulverizados o quizá los de los cuervos que seguían mi cada paso. se detenían a alimentarse de sus propios huesos entre la luz crepuscular - o eran mis huesos? tumtumtum sonaba el tambor a mis espaldas. seguí el camino hacia la inclinada pendiente frente a mi que llevaba una pueblo fantasma. me recibieron con vitores y jarras de agua. agradecido por su recibimiento pinte un mural de su historia como ofrenda. la historia iba así antes de la noche cayeron los estrellas nosotros somos sus hijos malditos. ahí me quedé tres meses. un dia retomé el camino, las fogatas quemaban con más vigor quizá me acercaba al desenlace. la noche tiene tres lunas dos más de las que recordaba, al menos no eran los planetas fantasmas de las que tanto me hablaba Coconiztl la bruja de mi pueblo de cuya teta me alimenté. la ceniza que se arrastraba con sus agudos dedos por mi lengua reculó. mis ojos ya no veían hace tiempo que había perdido el camino. mi tierra frente a mi, enterrada en mar. corrí hacia mi mente en llamas. estaba muy fría y mojada. nade en mi mente durante veinticuatro horas seguidas,
como todo un cowboy.







Pasarela pañalera

Ayer fui a una de aquellas pasarelas que duran 36 segundos y no respetan las cosas sagradas como que el separador ha de ser uno con el libro, hasta el final al menos. Deben migrar de libro en libro es como si vacacionaras en el mismo lugar cada verano. Bajo esa lógica se ha de emprender el camino de la literatura y la moda, que vienen a ser lo mismo. La pasarela se presentaba diáfana como los contornos de porcelana y los cuellos rojos de las modelos. Sus ojos flotaban más allá de sus cavidades, como empolvados por cocaína de esa que pica las encías. Aquellas excusas caminantes seguían una estría amarilla que parecía truncarse tan pronto salían del primero de tres cuartos, regresando a su punto de partida casi al instante que sus tacones-rascacielos trepidaban por el suelo, haciendo un sonido carnal que sólo me puedo imaginar, pues era ahogado por el cuchicheo, a su vez ahogado por la música  a su vez ahogada por mi corazón. Ahí salen los primeros ojos con algo de candela, como si fueran una niña de 13 años bailando danzón cubano. Bien, lo cubano quizá estuviese sugestionado por su fresca negrura, de porcelana también. En realidad sus tacones descendían por un pasillo distinto, no guiado por una linea amarilla sino por un sonido liberado. Libre en esa mazmorra nimia. Que mérito. La pasarela merece la calificación perfecta.

Tabaco y cerveza

Tabaco y cerveza,
si bajaran
los imponderables del cosmos
eso les ofrecería