Malmö es una ciudad rebelde. Preguntarle a un sueco común y corriente sobre esta ciudad más cercana a Copenhague que a cualquier otra concentración urbana en Suecia producirá, las más de las veces, una opinión oblicua sobre la naturaleza conflictiva de Malmö, un pobre representante de la placidez escandinava. Malmö, en términos discursivos, es un proyecto urbano de integración de culturas heterogéneas apuntalado por los fuertes principios democráticos de Suecia, en el que las fisuras son más visibles que en las otras ciudades principales del país, como se ve en la formación de guetos de migrantes en el distrito de Rosengård, donde las ambiciones de integración se mantienen irresueltas.
Después de todo, Malmö no es solo Suecia, Malmö es Santiago, Malmö es Estambul, es Bagdad, es La Habana, Malmö es Kabul. No es de sorprenderse que, a diferencia de otras latitudes más sobrias del país nórdico, la ciudad aproveche estas grietas para embalarlas con expresiones culturales y artísticas vistas en sus calles y paredes pintadas que recuerdan más al DF que a su capital, Estocolmo, donde existen fuertes posturas anti-arte urbano de algunos de sus políticos.
El arte institucional de Malmö se muestra atento a esta noción del arte como reconquista del espacio ante el continuo avance de lo privado sobre lo público, y se acomete a explorar las identidades abatidas y erigidas en el terreno incierto de la modernidad.
El Moderna Museet, uno de los museos más adelantados de arte moderno y contemporáneo en Europa, abre brechas de diálogo entre la ciudad y su habitante que ve su identidad desdibujada por los espacios coyunturales de su realidad cosmopolita, como se ve en The Modern Exhibition, exposición que reaparece cada cuatro años para ofrecer una mirada al arte contemporáneo en Suecia, y que por primera vez se muestra en Malmö.
La exhibición es una puesta en escena de la multiplicidad de identidades en esta faceta de una Suecia más incluyente. Artistas de Letonia, Lituania, Polonia, Dinamarca, Finlandia y Suecia se acometen a explorar desde el arte contemporáneo estos temas; de boca de su curador, Andreas Nilsson: “las obras cuestionan y desafían las identidades colectivas y privadas, la concepción de la esfera pública y los espacios institucionales, enmarcadas por expresiones performativas y participativas donde la relación entre la observación y la acción es central”.
En el contexto de una ciudad que se rehúsa a la placidez sin carácter, Nilsson apela a la pieza interpretativa de Emily Roysdon, I am a helicopter, Camera, Queen, para acentuar la importancia de reorganizar y desafiar las relaciones de poder dominantes: en las calles y museos de Malmö, uno siente pulsiones de osadía.
*Texto publicado en Picnic
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